lunes, 15 de septiembre de 2014

La balanza.

 
No necesito esperar a nochevieja para subirme a la balanza. Me sobra el cuarto trimestre. 
¿Y cómo ha ido?
Ir. El verbo quizá no sea el adecuado.
Han transcurrido los días, uno tras otro. Voraces.
Déjame pensar...
[...]
Cierto. 
Nada destacable. 
¿Un año sabático?
Si se entiende sabático como el tiempo con licencia y sueldo* que dedicas a cosas personales. Y cosas personales como los asuntos que te afectan a tí y a tu familia. Entendiendo por familia las personas que viven contigo. Sí. 

Entonces sí: Ha sido un año sabático tirando a subversivo.
Y he vivido (obligatoriamente) de forma improductiva muchos días. 
¡Hala! ¡Con los tiempos que corren! 
 Pues sí, incluso he sobrevivido. Aquí estoy.

Y hay cosas buenas en 2014. 
Nadie se ha muerto (Los famosos no cuentan)
He visto a mi mariposa equivocada provocar grietas superficiales en su capullo de seda. Pronto volará.
Y he vivido otras experiencias. Recuerdo cuando los dioses se reunieron para permitir que la ventura viniese a visitarme. Dos veces. También pudieron ser más. Incluso los dioses tienen crisis.

Ahora viene lo malo:
Fraternidad perdida. La mitad. 
Es algo muy malo. Como un hueco en el pecho. Profundo.
Menos doloroso es presenciar como languidecen las amistades. Voy de viaje a los límites de las estrellas. 
Es negro.
Sé por qué, pero continúa la pregunta pese a la realidad. 
Esa realidad. 
¿Ha sido bueno que me importe cada vez menos?
Ha sido bueno que me importe cada vez menos.
Y menos. 

La balanza no me sirve ya. Debo subirme de una vez por todas a la báscula, para bajar un par de kilos (dicen). Y van cinco.
Cosas de salud. 
De órganos con forma de mariposa en la garganta.

¿Qué dije acerca del cuarto trimestre?
Mm...
Ya. Me sobraba.
Eso era antes. Ahora lo necesito para reforzar la voluntad, la flacidez y la falta de heroísmo. 
Héroes.
Heroínas.



*Sueldo ¿en serio?

domingo, 10 de agosto de 2014

Del miedo a las posibilidades de la vida y otros precipicios.

Y aquí estoy yo. Detrás de alguien que no tiene miedo a las alturas, que se sienta al borde de los precipicios y se asoma a ellos con naturalidad pasmosa. Podría envidiar... de hecho, envidio esa naturalidad. Miradlo ahí, disfrutando de la sensación de coronar una cima, si bien es cierto que no es la más alta, una cima siempre será una cima: el punto más alto del lugar para contemplar hasta donde la vista te permita. Qué puedes contarme de esta sensación: ¿Lo has experimentado alguna vez? ¿No es apasionante?  

Xose. Monte Xalo. @Geasuha
Dejando a un lado los gustos y miedos, arriba se está bien. Porque desde abajo no se percibe de igual manera las cosas, como el contorno de las montañas, los ríos, las ciudades, los nubarrones que aún están por venir. Amén de las personas, la gente empieza a tener similitud con las  pequeñas hormigas, desconocidos envueltos en su trajín anónimo. Desde la distancia, ya no es importante el individuo en sí, todo forma parte del conjunto y tú, más cerca del cielo, te niegas a incluirte en él.

Pienso que el riesgo de asomarse al precipicio está ahí, pero una vez que se tiene bajo control los aspectos más técnicos de la subida, solo es cuestión de práctica y una pizca de valor. Vale la pena subir. Sí, ya sé que piensas que escalar cuesta esfuerzo, sudor y a veces lágrimas - no voy a mencionar "sangre" aunque algunos lo habéis pensado, esta vez no me voy a poner melodramática- Nadie niega el trabajo que conlleva. A unos más y a otro menos. Pero insisto: merece la pena. Visualizar lo que te rodea con la lente gran angular te da el poder de la perspectiva, incluso el control de las opciones.

La teoría es perfecta e incluso estimulante. Pero sufro de miedo a las alturas. Pensarás "¿De qué va?  Ha soltado todo ese rollo para acabar diciendo que nunca lo ha probado". Lo cierto es que estoy en ello ahora mismo. Me está costando un poco más porque tengo miedo a llegar  ahí arriba y no saber qué hacer, como los gatitos que se encaraman a la rama de un árbol y ya no pueden bajar.  Tengo auténtico pavor de alejarme del suelo que piso. Aquí abajo se encuentra todo aquello que siempre he tenido: unos cuantos seres queridos y cosas sencillas acordes a mi forma de vivir - creéme, practicamente no poseo nada de valor- con las que siento una fuerte adhesión. Y también hay otras cosas más abajo, quizás origen de este miedo, dentro de las grietas del suelo, recuerdo de las veces que he tocado el fondo. Una se dice: No creo que pueda bajar más y va dejando señales para  marcar la profundidad o la misma profundidad te marca a ti, Quién sabe.
Solo sé que aquí sigo yo, aferrada a este macizo de roca bajo mi trasero y una voz - que dispersa rápidamente el aire-  me dice "Si no estás disfrutando, podemos bajar ya" Interrumpe estos pensamientos.

- La teoría es perfecta, quiero quedarme unos minutos más- le respondo y él sonríe. 


Luego intento relajar las piernas, dejo libre las manos.
"Y aquí estoy yo". Pienso.





jueves, 24 de julio de 2014

Llueve en Santiago





Rojo y Gris.
Llueve en Santiago
A la misma hora.




Foto @Artista desconocido.













Haiku@Geasuha
En memoria de los fallecidos y heridos del accidente ferroviario. 24/07/2014 Santiago de Compostela.

lunes, 21 de julio de 2014

Arriba





 I

A diez mil metros,
El azul languidece
Sobre la tierra.



II

Desde el aire
La luna muy redonda,
En la laguna.







Haikus@Geasuha    11 de Julio. Vuelo VY 1299 22:40 de la noche

viernes, 27 de junio de 2014