miércoles, 17 de diciembre de 2014

De óxido










De óxido el cuerpo
y el alma que se entrega
en cada duelo.









Haiku @geasuha

domingo, 14 de diciembre de 2014

jueves, 11 de diciembre de 2014

Castro De Baroña





Me encanta este lugar y regreso cada vez que puedo permitírmelo. Le agradezco a Xose que me llevase la primera vez hace ya algunos años. Cuando me dijo que el lugar tenía energía y que debía visitarlo pensé que exageraba, me costaba creer que unas cuantas piedras pudiesen generar tanto interés. Por aquel entonces yo no sabía ni lo que era un castro, ni de su historia milenaria. Aquel día de invierno, cogimos la mochila y unos bocadillos; fuimos un poco a la aventura porque no sabíamos si llovería o no. De viaje y a la altura de Noia, la ría y la tierra se unían en un juego de contornos caprichosos; era un paisaje muy bonito, lo suficiente como para no seguir adelante y quedarnos por la zona. Pero como iba de copiloto, no dije nada. Me dejé llevar y atrás iban quedando poblaciones y pequeños núcleos de casitas esparcidas por una carretería que se iba haciendo más estrecha.

Dejamos el coche a las puertas de un restaurante en medio de la nada. A sus espaldas había dos caminos entre un pequeño bosque de pinos. Solo una pequeña señal de madera indicaba que íbamos en la dirección correcta hacia el famoso castro, pero no se veía nada, todo era bajada por un camino de grandes losas de piedras destartaladas y en mal estado y pinos, muchos pinos.
Ya desde una pequeña loma antes de llegar, supimos del viento y quedé prendada de las espectaculares vistas y el misticismo, con el que aquellos hombres eligieron este enclave para construir allí sus vidas entre el mar y una doble muralla que separaba su pequeñísima península. Sin agua potable, ni muchas otras provisiones no puedes evitar preguntarte cómo hicieron para vivir ahí... No sé decir qué exactamente, pero puedo asegurar que todo en un conjunto responde a eso que mi amigo llamaba energía. La fuerza del oleaje contra las rocas, la textura de cada piedra colocadas hace miles de años, una encima de otra, poder tocarlo y entrar dentro, quizá un todo.

Estuvimos un par de horas sentados al abrigo de una roca, que nos protegía del viento y con el mar como único paisaje. No hallé mejor terapia en aquel momento cuando más necesitaba -encontrarme- encontrar alguna señal.

Y aunque haya ido muchas veces, siempre pienso que volveré.







Fotografías @Geasuha

miércoles, 3 de diciembre de 2014

domingo, 30 de noviembre de 2014

De la masacre

  






De la masacre
Quedarán los escombros.
Y la conciencia.

 Artifex @ Teté Herrera 











Haiku @Geasuha

viernes, 28 de noviembre de 2014

Una buena taza de chocolate



Calentar las manos en una buena taza de chocolate caliente mientras la lluvia se desliza al otro lado del cristal, debe ser uno de esos pequeños placeres al que ya no le damos mucha importancia. Cuando era pequeña me desagradaban las bebidas calientes; tomaba la leche o la sopa siempre fría. Creo que mi madre no estaba muy contenta con el hecho de que la comida se enfriara en el plato antes de probar bocado. ¡Qué recuerdos! 

El viento en los árboles, al igual que el fuego, te invita a seguir una danza hipnótica, liberando la mente de cualquier pensamiento. Lo cierto es que ahí fuera hace un día espantoso, unas ramas derribadas por el temporal han bloqueado la entrada al jardín; no tengo la menor idea de como haré para cruzarla cuando tenga que salir de casa. Pero eso es algo que ahora mismo no me preocupa mucho, sigo el vaivén del viento zarandeando la copas de los árboles. 

No sé a qué se debe esta repentina despreocupación, pero me siento bien, aunque no pueda formar ningún pensamiento útil; será verdad eso que dicen que uno puede dejar la mente completamente en blanco... Siempre creí que era cosa de maestros budistas y algo fuera del alcance del resto de mortales, que somos como hormiguitas estresadas en un gran bosque de cemento. Soy una hormiga... O era pájaro...
A los tres años de edad, o incluso menos, descubrí que las hormigas eran muy desagradables porque explotan y son muy crujientes. Y hay muchas. Muchísimas. Me pregunto a qué profundidad están cuando llueve...
Y me pregunto... En qué tono de mente en blanco estoy ahora mismo. 

Se me ocurre que sería muy práctico poder regresar al pasado y buscar a la niña que soy. Advertirle de todo lo que va a vivir. No tengo ningún reparo en que me pueda reconocer, estoy segura de que no lo hará. Podría ganarme su confianza para enseñarle cosas muy importantes que debería saber y otras que debería empezar, cuanto antes, a ponerlas en práctica. Me gustaría contarle sobre el amor y sobre como funcionan las cosas en realidad. 
Pero esta taza ya solo alberga el calor de lo que fue chocolate caliente y el pasado se enfría a medida que pasa el tiempo. Estoy tan lejos de esa niña ya.... Aunque no de otra niña, que si bien no soy yo, todavía puedo enseñarle muchas cosas. Tal vez tampoco pueda impedir sus errores, pero ya sabe más cosas que yo a su edad.

La idea de viajar al pasado no es factible, parece imposible romper la linealidad del tiempo tal y como lo percibimos, según dura nuestra vida. Pero reflexionar sobre nuestra trayectoria puede servir de ayuda a nosotros mismos o a alguien más. Quién sabe...
La pregunta está ahí : ¿Qué le dirías a tu "yo" niño?