miércoles, 2 de abril de 2014

Rosas de color rosa.




Texto & Foto @Geasuha
Y qué si todavía doy asilo a toda nostalgia sin patria. Qué... si ya siempre serán ásperas las rosas de color rosa. Eran tres. Sobre la madera, lo recuerdo bien. Si la voz se me muere cada vez que viene a mi memoria aquella mañana en la iglesia. El aire silbaba desde la sacristía escapando por las pesadas puertas, sino fuera porque los muertos no susurran, hubiese imaginado que era una voz de ultratumba la que movía mi pelo. Pero nadie más parecía notar nada, a pesar del silencio y de la pobre oratoria de un párroco poco carismático. Lo miré cuando mencionó la palabra “Adiós” No era tan viejo como el color de su voz, se teñía el pelo y estaba cuidadosamente vestido para la ocasión. Descubrí que el aire también se había aferrado a su estola. Cuando la gente empezó a murmurar y todos se marchaban ya no pude recordar nada más. Ya no podía sufrir más. El dolor no es algo que uno pueda albergar durante mucho tiempo, con la misma intensidad. Los músculos se aflojan, la tensión se relaja. Para cuando fui testigo de como el alquimista ocultó la realidad tras una capa de óxido, el corazón bombeaba muy despacito. Hacía su trabajo. Era lo único que funcionaba. Lo demás, pura tristeza. En el gris quedaron tres rosas.                              






jueves, 27 de marzo de 2014

lunes, 17 de marzo de 2014

El juego de los sentidos IV




IV
 

El origen de este amor fue inherente a mi manera de sentir.
Me enamoré del gusto de mi voz pronunciando tu nombre.  
Ventura sabe a corteza de álamo blanco o a dicha, 
y es luminoso como la estancia que construimos 
en Sevilla cuando deseábamos entregarnos
al placer de los sentidos.


Foto & Texto@Geasuha






domingo, 16 de marzo de 2014

El juego de los sentidos V




V



Mi amor yacía aquella mañana en nuestra cama, era casi transparente bajo las sábanas cuando se oyó el silencio. En la ventana, el jazmín lograba algo de gloria y mi vestido tiraba de mi hacia el suelo. Pude hacerlo pero no le dije lo mucho que le quería. En realidad, nadie se despidió, pese al claro adiós y al blanco de las sábanas.
Yacía aquella mañana en nuestra cama cuando me acerqué flotando, primero le besé en un ojo y luego en otro ojo, ya cerrados. Mi boca liberó de sus párpados las esferas amoratadas de los sueños. Y no sucedió nada más. Bueno, solo una cosa: Aquella mañana no le dije que le quería.










Texto @geasuha